P: En agosto se cumplirán 7 años de tu ingreso en el Americam Ballet Teathre. ¿Qué balance haces de estos años en una de las mejores compañías del mundo, pero fuera de casa?
R: El balance es muy bueno. He aprendido mucho aquí en el ABT, he conocido gente increíble, y trabajado con bailarines a los que yo admiraba cuando empecé con 11 años. Esta compañía tiene mucha reputación y el ritmo de trabajo es muy diferente de lo que yo estaba acostumbrado en España. También tienes que aprender a socializar mucho más, porque en Estados Unidos se le da mucha importancia al hecho de que te dediques a bailar y más en una compañía como es el American Ballet Theatre, con tanto nombre e historia. La verdad es que me gustaría poder bailar de vez en cuando en España, con la de veces que he bailado en teatros como el Albéniz, La Maestranza, El Arriaga, El Liceo, entre otros muchos. Eso sí que lo echo de menos.
P: ¿Cómo es un día normal en tu vida?
R: Me levanto sobre las ocho y media, desayuno un café, claras de huevo y mi vaso de agua. Miro los emails en el ordenador y a veces hablo con mi hermana por el messenger, puesto que a esa hora es mediodía en España. Los ensayos duran entre cinco y siete horas y, en torno a las 7 de la tarde, suelo ir al gimnasio a fortalecer un poco las piernas, a nadar en la piscina o a hacer Pilates. Después me voy a casa, veo un poco la tele, y salgo con los amigos a cenar o al cine. A las 11.30 me voy a dormir...
P: El próximo 19 de mayo comienza la temporada del Metropolitan. ¿Se acostumbra uno a bailar en la Meca de la danza?
R: Por suerte para mí, no se acostumbra uno. Aunque actuamos casi tres meses al año en el Met, cuando estrenas todavía sigues teniendo la excitación y los nervios del primer día. Es tan maravilloso y tan impresionante… Además de tener un escenario muy cómodo para bailar, enseguida te sientes como si estuvieras en tu casa. Y esa cortina: tan grande, que sube y baja como si no pesara nada. La temporada del Metropolitan es sin duda uno de los momentos más bonitos de mi carrera y que sigo disfrutando mucho cada año.
P: En España, los aficionados a la danza te recuerdan bailando con el Ballet de Víctor Ullate e interpretando roles como Basilio y Albrecht, con los que alcanzaste las mejores críticas.¿Qué recuerdos tienes de esa época?
R: Tengo buenos recuerdos. Teníamos muchos espectáculos en diversas ciudades. Me acuerdo que, por ejemplo, en el Real llegue a bailar 7 u 8 Quijotes seguidos, así es que a veces estaba bastante cansado, pero también salía tan relajado al escenario que hasta yo me sorprendía de todo lo que podía llegar a hacer. Conocí y trabajé con gente maravillosa, con la que pasé momentos increíbles y que algunas veces echo de menos. Al ser la primera compañía en la que estuve, me crié como quien dice con todos mis compañeros de allí. Y eso no se repetirá nunca. La juventud y las experiencias que viví en esa compañía siempre las recordaré. Y ese público de España, jaleando y aplaudiendo de pie. Eso también era muy bonito.
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En el Lago de los Cisnes.
(Foto: Gene Schiavone)
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P: ¿Cómo es la vida en Nueva York? ¿Se echa en falta el tapeo, el sol y otros vicios ’made in Spain’?
R: La vida en Nueva York es bastante frenética, hay de todo, y para todos los gustos. Las diferentes etnias que hay en esta ciudad la hacen única. Vamos, si te aburres aquí, es porque quieres. Aquí tengo bastantes amistades y hay mucha influencia española, pero cuando me entra la añoranza me voy a un restaurante que tengo enfrente de mi casa y me como un plato de paella, ¡je, je!, o llamo a mi madre, porque ahora con internet, el teléfono y la tele, las distancias parecen mucho más cortas.
P: ¿Piensas jubilarte en la Gran Manzana o te quedan dos telediarios para seguir el ejemplo de Jesús Pastor?
R: Buff¡¡¡ ¿ Jubilarme yo?? ¡Je, je! ¡Anda que no me queda!. Me queda cuerda para rato. Aunque la verdad, no sé dónde me jubilaré, si en New York o en otro lado, porque como aún tengo muchas ganas de bailar, no lo pienso. La vida de un bailarín tiene varias etapas, y yo estoy ahora en una en la que me encuentro con mucha energía. Espero que me dure mucho tiempo.
P: Una curiosidad femenina: Entre cajas, ¿en el mundo de la danza se cuecen tantas envidias y zancadillas como murmuran las malas lenguas o… todavía más?
R: Yo no lo noto mucho, pero seguro que las hay. Lo que pasa es que hace años que dejé de estar al tanto de eso. Hay que estar por encima de esas cosas para poder llegar a ser mejor persona y mejor bailarín, sobre todo en una compañía formada con setenta hombres y mujeres que proceden de distintas partes del mundo. Seguro que hay envidias; es lo lógico en medio de tanta competencia, tanto interés de superación personal y el trabajo y la dedicación que exige la danza. Yo creo que las envidias van incluidas en esta profesión, ya sea el ballet o cualquier otra disciplina artística.
P: En el diccionario de la Real Academia, baile está por delante de ballet, ¿para Carlos López también?
R: Honestamente, para mí el ballet es una disciplina o un género del baile de lo más exigente, pero no es que sea mejor o peor, o que vaya antes o después. Yo ante todo soy bailarín. Me pongas lo que me pongas, ya sea música clásica, flamenco, o soul, me pongo a bailar y lo voy a sentir, así es que no le doy preferencia a uno u otro. Elegí el ballet clásico porque soy muy perfeccionista y el ballet también lo es. Pero bailar en general es lo que me apasiona.
P: ¿A bailar se aprende bailando o algunos nacen más aprendidos que otros?
R: Bueno, algunas personas pueden nacer con unas aptitudes que dependiendo de la clase de baile que desarrollen, le pueden favorecer bastante. Para mí, una de las más importantes es la musicalidad; otra, es la capacidad de trabajar. También es muy importante saber usar bien la mente, o la cabecita, como nosotros decimos. Y ya, si entras en el terreno del ballet clásico, es verdad que hay gente que nace con aptitudes físicas que pueden ayudar mucho, como empeines increíbles, hiperextension de piernas… Pero vamos, por experiencia personal sé que el trabajo y las ganas de bailar te pueden llevar muy lejos.
P: Cuando uno tiene que poner tanto a prueba su fuerza de voluntad ¿la cabeza termina dominando al corazón?
R: ¡¡Bufff !! Yo soy muy pensante, así es que la cabeza me guía muchas veces, pero al final del día es el corazón el que me dice si algo lo estoy haciendo bien o no.
P: Cuando tenías 17 años y a tus amigos les daba por el hip-hop o el rap ¿no te daba vergüenza decir que lo tuyo era el ballet clásico?
R: ¡Qué va! Cuando tenía 17 años ya estaba bailando pofesionalmente en la compañía de Víctor, puesto que empecé a trabajar a los 15. Para mí, el decir que estaba viajando por toda Europa, cobrando un salario y haciendo lo que más me gustaba en el mundo, no era en absoluto vergonzoso. Y la verdad es que mis amigos me admiraban bastante. Yo pienso que es un poco como tú te proyectes ante ellos. Pero a esa edad todo era novedoso, una experiencia increíble, llena de viajes y trabajo.
P: Supongo que habrá días que estarás agotado, te dolerán los pies y sólo pensar en una pirueta se te revolverá el estómago. ¿Qué razones encuentras para levantarte de la cama e irte a ensayar?
R: Pues la única razón es el afán de superación y que en el fondo sé que una vez me ponga en la barra, poco a poco en la clase me sentiré mejor y los dolores irán desapareciendo. El levantarse es lo más complicado, pero después entro en mi ciclo diario sin problemas. Y si aun me duele mucho el cuerpo, paro un poco el ritmo y a lo largo del día me voy recuperando. Descansar es muy importante para el bailarín, es algo que aún me tengo que aplicar porque en el fondo, siempre estoy ahí en la clase. Pero también reconozco que muchas veces las cosas más buenas le salen a uno cuando está cansado.
P: ¡Que curioso! Y, cuando el público te rodea con sus aplausos, ¿te parece una exageración o te sientes más cerca del cielo?
R: Es difícil de explicar, la verdad es que uno se siente muy realizado. Más que sentirme más cerca del cielo, me siento más cerca de esas cinco mil personas que pueden estar viendo el espectáculo. Y eso es indescriptible. Los aplausos son la droga del bailarín, una de las muchas razones, que nos hace volver al día siguiente al estudio y trabajar más duro e intentar hacerlo mejor.
P: Tantos años de esfuerzo, dedicación y privaciones, ¿es demasiado o todo lo valioso cuesta?
R: Esa es la primera lección que yo aprendí. Nadie me ha regalado nada y, claro que lo valioso cuesta. La dedicación, el esfuerzo tienen su recompensa, aunque cuando estás lesionado el esfuerzo te parezca insuperable. Pero todas esas privaciones y esfuerzos, nos hacen sentir mejor y nos acercan a la meta que nos hemos propuesto. Yo creo que si no costase tanto, la recompensa no podría ser tan grande. Y lo es.
P: Supongo que no siempre uno baila en las mejores condiciones, pero... ¿el baile puede aliviar un dolor de muelas?
R: Momentáneamente, de muelas, de rodillas y de lo que sea . Eso sí, cuando acabes de bailar te vas al dentista a que te haga una revisión, porque la salud es muy importante y esas muelas te van a seguir doliendo cuando dejes el estudio o el escenario.
Si quieres conocer algo más acerca de la vida de Carlos López, entra en su página web:
www.carloslopez.org